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Dra. Carol y la Pata de Mono

El siguiente es un ejercicio que me planteé después de leer el cuento de W.W. Jacobs, «La Pata de Mono». De este relato se han realizado varias adaptaciones para diferentes medios: teatro, novelas, televisión, entre otros. Aunque yo prefiero ver e imaginar las paticas de los monos donde deben estar, con sus dueños, quise hacer mi propia adaptación, o más bien continuación. Espero que lo disfruten ;D

Dra. Carol y la Pata de Mono
Era un día como tantos, desde hacía algún tiempo no llegaban a su consultorio esos casos que tanto le gustaba escuchar, solo los problemas comunes y cotidianos de la gente imbuida en amoríos y problemas económicos. «“¡Ni siquiera un psicópata!”», se lamentaba Carol en medio del aburrimiento de su consultorio. «“Debería pasar mi hoja de vida a un departamento de policía, tal vez allí no me mate el tedio, pero con esos sueldos…, sería una cosa por otra…,”». Sus pensamientos fueron interrumpidos por fuertes y apresurados golpes en la puerta de su consultorio. «Creí que ya había atendido al último cliente. ¡Qué forma de golpear!».

Carol abrió la puerta pero solo una ráfaga de viento helado entró y sintió un escalofrío. Miró las sillas de espera desocupadas y el cubículo de su secretaría también vacío. Corrió hasta el citófono:

−Vladimir, ¿dejaste entrar a alguien al consultorio?

−No doctora. Hace diez minutos salió la señorita Amanda y nadie ha entrado al edificio. Se lo aseguro. ¿Necesita que suba?

−No, Vladimir, gracias. Pensándolo bien, sí, hace unos instantes golpearon en mi consultorio y no veo a nadie.

−Subo enseguida doctora.

Vladimir inspeccionó cada rincón de las oficinas de la doctora Carol sin encontrar huella de persona en el lugar.

−¿Doctora, desea que la acompañe a la salida?

−No, Vladimir, voy a trabajar un poco más.

−Estaré pendiente.

−Gracias, no se preocupe. Cerraré bien la puerta, en caso de que vuelva a escuchar algo lo llamo enseguida.

Carol volvió a sentarse en su escritorio para continuar meditando sobre su futuro como psicóloga: «“Voy a buscar en internet algún seminario interesante para hacer. Trabajar con la policía puede ser emocionante, pero definitivamente el dinero de la consulta privada lo extrañaría”», pensaba mientras digitaba en la búsqueda de google, escuchó un sonido que provenía de su diván y alzó la mirada.

−¡Qué es eso! Exclamó sorprendida observando una pata de mono encima de su diván.

−Doctora, necesito una terapia.

−¡¿Quién habla, quién está aquí?! −preguntaba temerosa observando su elegante consultorio desocupado sin lograr ver de dónde provenía la voz chillona que reclamaba una consulta.

−Doctora, estoy aquí, en el diván, soy la pata de mono que está viendo.

−Jajajajajajaja Camilo, ya puedes salir.

−Doctora, no soy su amigo Camilo. Soy una Pata de Mono que cumple deseos a las personas. Estoy harta y cansada de este eterno peregrinar. Ya he perdido la cuenta de cuántas veces me han quemado, ahogado, pateado, tirado a la basura, desmembrado, metido en sal, bañado en sangre, escupido, sepultado, insultado. ¡No aguanto más!

−WoW ¡¿En serio eres la Pata de Mono?!

−Sí Doctora, su tarjeta me la dio la Madre Monte (1) hace unos días, por suerte me la encontré después de que un campesino me sepultara dentro de un bosque. Mire usted.

Carol se levantó de su sillón y tomó la tarjeta de la pata que se la alcanzaba.

**Doctora Carol **

Psicoterapeuta de casos especiales.

También realizo consultas a domicilio: 311 4836943
psicofx@gmail.com

−Estupendo. No sabes lo aburrida que estaba. Cuéntame más.

−Doctora…,

−Puedes decirme Carol −interrumpió mientras se dirigía a su escritorio y abría su cajón secreto donde guardaba los puros que solo podía sacar cuando alguien, o algo especial, entraba a su consulta.

−Carol, por siglos he cumplido con lo encomendado por el faquir Abdul-Mujîb: acortar el camino para que las personas obtengan lo que desean. Esto lo he hecho a cabalidad, pero lo único que consigo es el desprecio de todos aquellos que se sirven de mí, nada los satisface. En alguna época fui feliz, tuve un hogar de la mano del escritor Jacobs, recuerdo esas noches en las que me acariciaba en sus momentos de descanso, pero cuando él murió, todo volvió a ser lo mismo. Quiero un hogar, es lo único que me puede salvar, pues la verdadera maldición la llevo dentro de mí por no poder morir. Necesito unas vacaciones en un hogar.

−¡Pobre patita! −exclamó la doctora Carol acercándose a la Pata de Mono y acariciándola, mientras ésta felizmente se relajaba. Cuéntame cómo es eso de acortar el camino para obtener lo deseado.

−Es muy simple Carol. Todo lo que los humanos desean está a su disposición, pero depende de sus decisiones qué tanto tiempo les tome alcanzarlo, como la mayoría viven pendientes del ruido exterior, abren muchos caminos, todos posibles, sin embargo, cuando están en problemas, quieren cosas que generalmente se han alejado por el entramado que ellos mismos han construido a través de su vida sin darse cuenta. Todo está conectado, es inevitable que al pedirme un deseo se desencadenan acontecimientos que no les gustan, pues no puedo llegar a cortar ningún hilo de esa madeja, solo puedo unir los que estén más próximos para obtener lo que supuestamente ellos quieren en ese momento, pero después resulta que eso no era lo que querían y yo resulto pagando los platos rotos.

−¿Es decir que no existe ninguna posibilidad de acortar el camino para obtener nuestro deseos, sin desencadenar acontecimientos desfavorables?

−Carol, los acontecimientos desfavorables y problemas siempre van a estar presentes en la vida humana, el faquir que me encomendó esta tarea lo sabía, pero lo que no entendía era que enfocándose para tomar las decisiones por sí mismo, podría obtener lo que quería sin prisas y sin forzar las cosas, esto podría disminuir la gravedad de lo que pudiera acontecer, y tal vez, su tercer deseo no hubiera sido morir.

−Qué lamentable. Siempre estaremos descontentos con muchas cosas que nos rodean, yo por ejemplo, antes de que entraras en mi consulta, estaba sumida en el tedio de la cotidianidad de mis casos, afortunadamente llegaste, me has traído fortuna. −Carol sintió una corriente de agradecimiento en el ambiente, sonrió y se acercó a la pata de mono−. Desde ahora puedes quedarte conmigo patita, te perfumaré y te llevaré en mi bolso. Eres muy sabia y eso será de gran ayuda en mis consultas. Tú me puedes abrir el camino para comprender mejor nuestra insatisfacción y así brindar un mejor tratamiento.

Carol acercó sus dedos índice y corazón a la Pata de Mono, y ésta se los estrechó en señal de un duradero pacto de amistad.

FIN

 

(1) La Madre Monte es una leyenda que pertenece al folclor de Colombia. Se dice que vigila las selvas y castiga a los que irrumpen dentro de ellas para dañarlas. Aquí puedes encontrar una información corta si quieres saber más.

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