El Dolor de Espalda

El Dolor de Espalda

noviembre 15, 2017 0 Por admin

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Género: Humor Negro

Eran las nueve de la noche y Patricia hacía su mejor esfuerzo para mantener los ojos abiertos y ver las últimas ofertas del ¡Llame Ya! uno de sus programas preferidos. Alfonso, su esposo, ya estaba roncando en ese momento, él tenía una facilidad felina para tocar la almohada y navegar de inmediato por las cálidas aguas que lo conducirían a su mundo onírico.

A veces Patricia se quedaba dormida por el agotamiento: el largo día en la oficina, llegar a casa para ayudar con las tareas de su hijo y calentar la cena, eran el combo que la dejaba hecha un trapo, sin embargo se esforzaba por darse sus gustos y sacar aunque fuera un corto tiempo para sus caprichos porque se los merecía. Hacía un mes había adquirido ese lindo rizador de pelo que apenas utilizó un día porque con las carreras de la mañana no quedaba mucho tiempo, pero ahí estaba, le gustaba, y en algún momento tendría tiempo para hacerse unos hermosos rizos que matarían de envidia a sus compañeras en el trabajo.

En realidad casi nunca utilizaba por mucho tiempo las increíbles cosas que compraba a través del ¡Llame Ya! parecía que todo se confabulaba para que estos aparatos, que se supone le harían la vida más fácil, terminaran en sus brillantes cajas almacenados en el cuarto de los cachibaches. Lo único que utilizó por quince días fue el extractor de jugos, con la mala suerte que un mal diseño hacía que gran parte del líquido se fuera por la manija del vaso y el jugo se regara por todo el mesón; llamó para que le devolvieran el dinero, pero tuvo la mala suerte de quedar enfrascada con un proyecto en el trabajo, y cuando por fin pudo sacar el tiempo, ya habían pasado los quince días de plazo para devolverlo.

«“Ah, qué de malas”, se decía mientras comenzaba el programa en la televisión. “La primera vez que utilizo una de estas cosas y preciso sale mal. Ahora no es que todo lo que tengo almacenado sea por el mismo estilo… ¡No, qué va, hay que ser positivo! El hecho de que me fuera mal con el extractor no quiere decir que lo demás sea de mala calidad… ojalá… los sartenes con el ultra mega adherente no se los puedo dejar a la empleada para que se los tire en un dos por tres, y mucho menos las ollas del material eterno, y los…»

¡Muy buenas noches queridos televidentes! ─Sus pensamientos fueron interrumpidos por el presentador de ¡Llame Ya!─ ¡En esta deslumbrante y positiva noche les traemos la solución a sus dolores de espalda!

─¡Oh, esto es lo que estaba necesitando! ─gritaba de emoción Patricia en su interior, de repente el cansancio de sus ojos se disipó y su receptividad se encendió al 100%.

Mi nombre es Claudia Buendía y todo el día vivía con un desgarrador dolor de espalda. Lo intenté todo: fajas, correctores de postura y agotadoras rutinas en el gimnasio, pero nada me sirvió hasta que visité a Cassandra Estirada y me presentó la increíble solución del sistema horizontal de descompresión vertebral. ¡En sólo diez minutos arregló mi vida!

Muy buenas amables y positivos televidentes, yo soy la doctora Cassandra Estirada, PhD en estiramientos de columna y reconocida a nivel mundial por mi gran invento: el Estira Vértebras.

¡El alivio que proporciona el Estira Vértebras en tan sólo diez minutos, es algo que usted no ha experimentado nunca!

El Estira Vértebras descomprime sus vértebras en posición de descanso absoluto aliviando la tensión de la espina dorsal, disminuye la presión de los discos y nervios, y permite que los músculos y ligamentos que la rodean se relajen.

Usted ya no tendrá que acudir a personas que no tienen conocimiento profesional para que el dolor de su espalda acabe.

¡Las reconfortantes sesiones de tan solo diez minutos duran horas!

«“¡Sólo diez minutos y mi vida cambiará, ya no tendré ese asqueroso dolor de espalda en la oficina!”, gritaba en su interior Patricia, mientras retiraba las cobijas delicadamente para no despertar a Alfonso, no podía esperar hasta mañana para hacer el pedido».

Si usted llama ahora, le regalaremos, no uno, sino dos pulpos eléctricos, que con sus acolchadas ventosas, harán que la circulación de su sangre en la cabeza corra como nunca y active el potencial de su cerebro al 100% para la resolución de problemas.

¡Llame Ya!

 

«“¡Oh, por dios!”, Patricia gritó más fuerte en el interior de su mente y su corazón se aceleró al punto de casi explotar. “¡No sólo me quitaré ese dolor de espalda, sino que podré solucionar todos mis problemas!”. Se colocó aceleradamente sus pantuflas e hizo un gran esfuerzo por bajar las escaleras suavemente para no despertar a nadie, pero casi no podía de la emoción. Su mente fue golpeada por la imagen de Alfonso y de ella con esos pulpos soluciona problemas colocados en sus cabezas, “a lo mejor logramos que nos suban nuestros sueldos. No, mejor que nos asciendan, así tendremos más plata y menos trabajo. Por fín tendremos tiempo para nuestra familia, para los dos, para nuestro hijo”. De repente dijo susurrando mientras se acercaba al teléfono»:

─¡Oh, pulpos benditos háganos el milagrito! ─Al tiempo que esbozaba una enorme sonrisa que se cortó casi que de inmediato porque el teléfono no daba tono.

Corrió el mueble de la vajilla para ver si el teléfono estaba desconectado, pero nada, un destello alumbró su mente y recordó que había olvidado pagar el recibo del teléfono.

─¡Maldita sea, por qué todo tiene que ser así! ─dijo llevándose su mano derecha a la boca para restregársela al tiempo que se encendía su rostro por la ira del momento.

«“¡Ya sé! Voy a hacer el pedido por internet, supongo que será lo mismo que llamar ya”, pensó mientras se acercaba a su laptop y luego emprendía una aventura de madrazos mientras el sistema comenzaba a actualizarse. Se levantó a servirse un poco de leche para no desesperarse más y finalmente a la media hora pudo entrar a la página de ¡Llame Ya!… pero había olvidado su tarjeta de crédito en la habitación, levantó sus manos y se las pasó fuertemente por su cabeza: “¡está bien, subiré!… Ojalá no despierte a Alfonso… y volveré a bajar… haré lo que sea, pero yo hago este pedido ya!”»

Patricia terminó de hacer el pedido a las doce de la noche, muchos contratiempos más se le presentaron, pero ella valientemente los sorteó y se fue a dormir, agotada, pero contenta por haber dado el primer paso, no sólo para quitarse su dolor de espalda, sino lo más importante, el remedio para todos sus problemas.

A los tres días llegó el Estira Vértebras y los Pulpos Eléctricos, los recibió Andrea, la empleada, quien rápidamente alzó el teléfono para avisar a Patricia de acuerdo con las instrucciones que ésta le había dado.

─Señora Patricia, su pedido acaba de llegar.

─Gracias Andrea, tenga mucho cuidado con esas cajas, son muy valiosas, por favor déjelas en la sala y no las vuelva a tocar.

─Sí señora.

Esa noche Patricia trabajó hasta las diez de la noche en la oficina porque le quedaron mal unos reportes. Alfonso llegó a recogerla con Carlitos, su hijo, y fueron a comer hamburguesas; llegaron casi a las doce de la noche a la casa, lo primero que hizo Patricia al entrar fue revisar que las cajas estuvieran selladas, todo estaba en orden, pero su cansancio no la dejaba abrirlas. Se fue a acostar, pero se levantaría a las cuatro de la mañana para armar el Estira Vértebras, luego se colocaría el Pulpo Eléctrico en la cabeza por quince minutos, y esto se convertiría en su rutina de todos los días, esta vez no dejaría que sus compras fueran a parar al cuarto de los chachibaches, su vida definitivamente cambiaría.

Faltando un cuarto para las seis Patricia terminó de armar el Estira Vértebras, nunca pensó que esa labor fuera tan complicada, se machucó varias veces y se hizo una pequeña cortada en su mano derecha cuando estaba haciendo los últimos ajustes, pero la labor había dado sus frutos, el Estira Vértebras estaba listo para obrar el milagro, sólo que ya era tarde y tenía que preparar el desayuno. A las seis y cuarenta se despidió de Alfonso y Carlitos, sólo le quedaban veinte minutos antes de tener que salir a trabajar.

«Decidió aprovechar: “no a la procrastinación, así me coja un poco la tarde, sé que valdrá la pena”, pensó mientras se acostaba en el Estira Vértebras, movió la palanca para ajustar el aparato, tal como había visto en la propaganda, y se dispuso a dejar pasar esos inestimables diez minutos de tratamiento».

A las ocho de la mañana Andrea, la empleada, abrió la puerta de la casa, dejó su mochila en el sillón de la sala, se quitó los zapatos y comenzó a cambiarse de ropa para emprender su labor de limpieza.

─¡Andrea, Auxilio! ¡Ayúdeme! ¡Auxilio!

─¡Dios mío! ¡¿Qué pasa señora Patricia?! ¡¿Dónde está?!

─¡En la sala de la televisión. Suba que no me puedo mover!

Andrea se terminó de acomodar el delantal como pudo, ni siquiera se colocó los zapatos y salió corriendo con los nervios reventados, los gritos mezclados con el llanto de la señora Patricia eran aterradores; abrió la sala de la televisión y la encontró tirada al lado del Estira Vértebras. Corrió hacia la señora con su rostro pálido, sus manos frías y su respiración entrecortada, se agachó para ayudarla a parar, pero se detuvo con el grito de la señora:

─¡No Andrea, no me vaya a coger! ¡Llame una ambulancia por favor y luego llame a Alfonso! ¡No me puedo levantar de aquí! ¡Apúrele por favor!

─¡Sí señora, ya voy!

Andrea corrió nuevamente por las escaleras y llamó a la ambulancia, sus nervios estaban cada vez más reventados por los alaridos que soltaba la señora Patricia.

Patricia sufrió un severo traumatismo en su columna vertebral producido por el estiramiento y la abrupta levantada que realizó cuando escuchó que Andrea abría la puerta, en ese momento se dio cuenta que llevaba ahí más de una hora, se había quedado dormida encima del Estira Vértebras. Le dieron tres meses de incapacidad y rehabilitación.

Luego de la hospitalización, en lo primero que pensó Patricia al llegar a su casa, fue en los Pulpos Eléctricos, como iba a pasar tres meses sin poder trabajar, aprovecharía el tiempo para colocar su cerebro en forma.

─Amor ─dijo Patricia desde su cama─ ¿Has visto unas cajitas pequeñas con unos pulpos dibujados en ellas?

─Ah, sí amor, al niño le gustaron mucho esos juguetes, todos los días se baña con ellos y hasta le compré un barco pirata porque dice que son los míticos Kraken de Piratas del Caribe.

Patricia inhaló y expiró profundamente.

─Amor, ¿me puedes hacer el favor de pasarme el telefono?, necesito hacer un pedido.

FIN