SHLoren

Lluvia Inesperada

Ella llevaba una eternidad sentada en ese sillón sintiendo la presencia de aquella carta. Su único hijo había partido a la guerra. Las telarañas se acumulaban por todas partes en la sala, las moscas iban y venían, algunas caían en las trampas y eran succionadas; otras volaban libremente a través del polvo que se arremolinaba en sus huesos.

Varias generaciones pasaron por esa sala sin percatarse de la osamenta postrada en aquel sillón, sólo un escalofrío circundaba por el lugar a la misma hora que llegó esa carta. Sola, más allá de la tristeza, sin moverse del sillón sin lápida…, solo porque ella no se atrevió a abrir la carta. Esa tarde, cuando aún sus huesos cargaban el peso de la carne, recibió el sobre, caminó en silencio, sintió una punzada en su pecho y ese sobre maldito con su contenido cayeron al tiempo que ella quedaba sembrada en el sillón de su sala.

Toda una eternidad pasó, y de pronto, un resplandor por la ventana hizo que voltearan a mirar esos ojos sin vida. Una lluvia de sobres de papel comenzó a caer afuera, las lágrimas devolvieron la vista a sus cuencas ya marchitas, se levantó de su letargo como el espanto que era, observó a través del vidrio, y vio a su viejo pastor alemán en compañía de su hijo que le sonreía en medio de esa lluvia de cartas.

FIN

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